domingo, 11 de agosto de 2013

Disco del Día: Gibraltar necesita guitarras

Uno de los muchos y gratos recuerdos que atesora Shemer Olufunmilayo de su paso por la bella localidad toledana de Torrijos es ver cada mañana esta placa de camino al trabajo:


Tenía pensado tomarme un descanso del mamotreto que estoy escribiendo para actualizar el blog, con la reseña de alguno de los libros que he leído últimamente. Pero una vez más, la actualidad se cruza en mi camino. Por mucho que se aparte del propósito original de esta página, no me queda más remedio que responder cuando unos gibraltareños insultan a la policía española al grito de: "¡Viva ETA! ¡A ver si os matan a todos, fascistas!"

viernes, 26 de julio de 2013

Película del Día: Ése fue Gary Cooper, inculto

Uno de los juegos predilectos en casa de los Olufunmilayo es "¿Dónde está José Guardiola?" No nos referimos al antiguo entrenador del FC Barcelona, ni al cantante melódico del Dí, Papá, sino a uno de los grandes del doblaje español, cuya voz reconocemos en cientos de películas, desde El Padrino hasta Los Caballeros de la Mesa Cuadrada y sus Locos Seguidores.


La profesión de actor de doblaje siempre me ha fascinado. Al igual que el especialista cinematográfico, es humilde en un mundo que se basa en la vanidad. Salvo los cuatro gatos que nos quedamos hasta el final de los títulos de crédito para enterarnos de las personas que han prestado su voz a los actores (cuando lo ponen, que ésa es otra), al espectador medio le importa un pimiento quién hace esas voces tan bonitas, como tampoco le quita el sueño que el pupas de turno se pase la vida encajando los golpes que en la gran pantalla fingen darle al protagonista.

domingo, 21 de julio de 2013

GNU/Linux del Día: No se hizo Fedora en una hora

Retomamos los contenidos habituales de nuestro blog para analizar Fedora 19, la nueva versión de GNU/Linux que acabamos de instalar en nuestro cochambroso portátil.
Existen numerosas distribuciones Linux, según los gustos, necesidades e incluso principios éticos de cada cual. Para los novatos en el mundo del software libre, recomendamos empezar por Ubuntu y Mint, ya que incluyen todo lo que un usuario pueda necesitar. Los que no tengan miedo de pelear con la línea de comandos pueden probar con Arch, Gentoo y Slackware. Los que creen que la necesidad moral del software libre está por encima de la comodidad técnica pueden echar un vistazo a Trisquel (por cierto, de origen español).
En el caso de Fedora, sus principales virtudes son la innovación tecnológica, incorporando programas que el resto de distribuciones no se atreverán a incluir en sus repositorios hasta dentro de varios meses (o años, en el caso de Debian) y su defensa a ultranza de los valores del software libre. Fedora no incluye en sus repositorios ningún programa cuya licencia no cumpla escrupulosamente los requisitos de la Free Software Foundation.
Esto supone un engorro para el usuario de a pie, que tiene que buscarse la vida para instalar, por ejemplo, los codecs multimedia para ver un dvd. Afortunadamente, hoy en día no es tan díficil sobrevivir a base de una dieta estricta de software libre como hace unos años; prueba de ello es que hasta los piratas se han rendido a la superioridad técnica de FLAC, el formato sin pérdidas en que está codificada toda esa música que se descargan ustedes de los torrents, y que le da cien vueltas a esa birria del mp3.
El verdadero problema de Fedora 19 es su instalación, una auténtica pesadilla. Hasta la versión 17, Fedora se podía instalar con los ojos cerrados gracias al vetusto pero infalible Anaconda. Sin embargo, hace unos meses, los lumbreras de Red Hat decidieron "simplificar" el instalador.
Los que me conocen, saben cómo tiemblo cada vez que algún sinvergüenza calienta las orejas a los políticos con la cantinela de "simplificar trámites", "eliminar trabas burocráticas" y demás. Invariablemente, el resultado es que los trámites se vuelven mucho más complicados que antes, las trabas burocráticas se multiplican... Y los controles y garantías que existían desaparecen por arte de birlibirloque.
Pues en la informática, es igual.
Si buscan "Fedora installer" en internet, leerán páginas y páginas de usuarios frustrados tratando de arrancar esta mala bestia, profiriendo unas blasfemias que yo no puedo reproducir en este artículo porque (todos a una) este blog lo leen señoras decentes.
Baste decir que el nuevo instalador de Fedora es tan, pero tan malo, que cuando terminé la instalación, no podía ni actualizar el sistema... Porque, a pesar de haber seleccionado el idioma español durante la instalación, las claves se introdujeron con la configuración de teclado estadounidense. Así que, si es usted una persona preocupada por la seguridad como yo, y mezcla mayúsculas, minúsculas, números, símbolos raros y todo lo que se tercie, enhorabuena, nos toca reinstalar.
Y cuando reinstalamos, no nos queda más remedio que incluir claves inseguras para el administrador y el usuario con que entremos al sistema, para cambiarlas en cuanto hagamos el primer arranque, mediante el comando passwd.
Tras cinco o seis horas jurando en arameo, por fin logré un sistema francamente estable y eficiente, que cubre todas mis necesidades.
Pero cuanto más uso Fedora, más admiro la elegante sencillez de Puppy Linux en general y Saluki en particular.

viernes, 12 de julio de 2013

Dieciséis Velas

Estimados lectores: como habrán comprobado, mi ritmo de publicación ha disminuido en las últimas semanas. En parte se debe a un exceso de trabajo en mi vida cotidiana, pero también al deseo de retomar algunos proyectos que tenía abandonados desde hace tiempo. Espero seguir escribiendo en el blog, pero no se alarmen si ya no lo hago con la regularidad acostumbrada.

La entrada de hoy es especial por varios motivos. Para empezar, es mucho más extensa de lo normal, dada mi legendaria incapacidad de síntesis. Por otro lado, no está dedicada a ninguno de los temas habituales, aunque en cierto modo todos están presentes a lo largo de sus párrafos. Por último, es la primera vez, y quizá la última, que firme un artículo de este blog con mi verdadero nombre.

Nunca he pretendido ampararme en el anonimato para hacer crítica literaria con impunidad, entre otras cosas porque sería inútil. Con sólo leer un par de entradas, cualquiera que me conozca deducirá mi identidad de inmediato.

Dos razones me llevaron a utilizar un seudónimo. La primera era un simple divertimento; me crié leyendo historias sobre el Preste Juan, por lo que hacerme pasar por un judío abisinio me pareció una forma curiosa de dar un toque de humor a mis crónicas.

La otra es que mis gustos musicales, cinematográficos o literarios no tienen la menor importancia. Si mis reseñas les sirven para descubrir alguna obra que les haga mejores personas, me alegro por ustedes, pero el mérito es del autor, no mío.

Pero en esta ocasión, el honor me obliga a quitarme la máscara y mostrar el rostro de Muerte con todas sus cicatrices. Nuestro verdadero nombre es lo menos que debemos a los muertos.


viernes, 28 de junio de 2013

Juego de Rol del Día: Qué red tan enmarañada tejemos

Seguro que muchos de ustedes ya han visto El Hombre de Acero. Shemer Olufunmilayo va con retraso, como de costumbre. Pero eso no nos impedirá dedicar alguna entrada de este blog al último hijo de Kripton. Así que hoy hablaremos del juego de rol basado en la serie Smallville.


jueves, 27 de junio de 2013

Disco del Día: Disraeli Gears

Shemer Olufunmilayo no fuma ni bebe (a veces dice palabrotas). Por no tomar, no toma ni cocacola. Huelga decir que no ha probado en su vida sustancias ilegales. Por lo tanto, cuando oye según qué discos, lo primero que se pregunta es si lo estará haciendo bien. Poner un disco de rock psicodélico sin tomar LSD es como ir a The Rocky Horror Picture Show vestido como las personas: prohibido, lo que se dice prohibido, no está, pero luego no se quejen si la policía del pensamiento les hace unas preguntas a horas intempestivas.


miércoles, 26 de junio de 2013

Libro del Día: El Rey en el Norte

Una de las razones por las que cada vez me cuesta más leer libros  escritos hace menos de cincuenta años es la facilidad con que se escandalizan los lectores contemporáneos. Si George R.R. Martin pretendiera impresionar al público medieval con sus truculentas historias, la reacción más probable habría sido la indiferencia. ¿Incesto, dice vuesa merced? Se nota que no ha oído el cantar del abad de Montemayor.


Pero tranquilas, lectoras decentes de este blog (valga la redundancia), pueden bajar sus hachas de acero valirio: no voy a hablar más de Juego de Tronos. Si se toman la molestia de consultar el calendario (desde la terminal, por supuesto), verán que hoy es San Pelayo. Alguien tan oportunista como Shemer Olufunmilayo no podía dejar pasar la ocasión de conmemorar la Reconquista.